En otoño, las calles en el barrio se tiñen de una especial atmosfera, de silencio con alas. Casi con el aroma de un estío apenas olvidado. Son calles como sueños, pero despiertas, lúcidas. Soñar es estar vivo. Siempre amaré estas calles, con su color de pueblo, cuna de la esperanza, camino del recuerdo. Sus tendidos crepúsculos y sus mañanas altas me dieron el fervor. Yo les devuelvo sueños. El poema es un sueño. En otoño, las calles... En otoño las calles melancólicas, sueñan que viven porque saben, que saben porque sueñan.
Odio y amo. Por qué lo hago, tal vez preguntes. No lo sé, pero siento que sucede y me atormento.
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